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Militarizan el barrio de El Fanguito en La Habana ante nueva protesta de mujeres por apagones y falta de servicios básicos

Protesta en la Habana

Vecinos de El Fanguito, en Plaza de la Revolución, salieron a protestar por apagones prolongados. Unas 50 personas, la mayoría mujeres, reclamaron el restablecimiento de la electricidad, agua y gas. La zona quedó militarizada con presencia de la PNR y boinas negras. Foto: Editorial/Digital

La Habana, Cuba Nueva protesta en El Fanguito, La Habana, por apagones de más de 24 horas: unas 50 personas salieron a la calle la noche del 29 de agosto y el barrio amaneció militarizado; es la segunda movilización en un mes por falta de servicios básicos.

La Habana, Cuba.— El barrio de El Fanguito, en el corazón de La Habana, fue militarizado este sábado ante la presencia de unas 50 mujeres y vecinos que salieran a protestar en la oscuridad por apagones prolongados y la falta de agua y gas.

La manifestación ocurrió entre la noche del viernes 29 y la madrugada del sábado 30 en el municipio Plaza de la Revolución. Sin consignas políticas, el reclamo fue básico: luz. Los vecinos denuncian que llevan días — en algunos circuitos más de 30 horas seguidas — sin electricidad, lo que deja sin bombeo de agua, sin gas para cocinar y con alimentos en descomposición en pleno verano caribeño.

Tras la protesta, la respuesta del Estado fue el despliegue de la Policía Nacional Revolucionaria y de unidades antidisturbios conocidas como “boinas negras” en las calles del asentamiento, ubicado a orillas del río Almendares y considerado uno de los barrios más vulnerables de la capital.

No es la primera vez. El 29 de julio, las mismas madres bloquearon la avenida 23, una arteria principal de La Habana, después de 48 horas sin servicios. Esa noche, las autoridades enviaron a un liniero para reconectar puntualmente la luz y desactivar la protesta. Al día siguiente, al menos dos de las manifestantes fueron detenidas, entre ellas María Yilian Franco Díaz, llevada a la unidad policial de Zapata y C junto a su hijo de 4 años, según documentó el Instituto Cubano por la Libertad de Expresión y Prensa (ICLEP).

En videos de ese episodio, un oficial de la Seguridad del Estado amenaza a los vecinos: “Yo sé quién es el que sube la foto, aunque se la mande un familiar en el exterior y el familiar la suba. Yo doy con el enlace, con la dirección IP y luego vengo y lo busco”.

Lo que ocurre en El Fanguito no es aislado. Forma parte de una ola de cacerolazos y bloqueos nocturnos que se ha extendido por La Habana — Lawton, La Güinera, Santos Suárez, Jaimanitas, Guanabacoa — y a provincias como Matanzas y Holguín. Según la estatal Unión Eléctrica y reportes independientes, en agosto circuitos de Playa, La Lisa, Plaza y Centro Habana promediaron entre 34 y 37 horas sin corriente por averías en la termoeléctrica Felton y un déficit que supera el 60% de la demanda en hora pico.

Para una audiencia global, el caso ilustra un patrón: en Cuba, donde el derecho a la manifestación pacífica está reconocido en la Constitución de 2019 pero no cuenta con una ley que lo regule, reclamar servicios básicos se ha convertido en un acto de riesgo. Mientras el gobierno atribuye la crisis a sanciones y falta de combustible, vecinos denuncian priorización del servicio a zonas donde viven funcionarios — como el ministro de Salud José Ángel Portal Miranda — y represalias contra quienes documentan las protestas.

El Fanguito, que en julio recibió actividades culturales oficiales para proyectar “normalidad” tras la protesta, vuelve a estar a oscuras. Y vuelve a ser vigilado.


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