El día que Ecuador se quedó sin una de sus voces más conocidas del periodismo: quién es Gisella Bayona y por qué su renuncia importa más allá de Quito

Gisella Bayona, periodista ecuatoriana con 30 años de trayectoria en Teleamazonas y TC Televisión, anunció el 2 de septiembre de 2026 su retiro del ejercicio periodístico tras denunciar una campaña de desprestigio contra ella y su familia.
Quito, Ecuador Muy conocida en Ecuador, desconocida fuera de él, Gisella Bayona era hasta esta semana una de las voces más reconocidas de la televisión ecuatoriana. Renunció no por falta de trabajo, sino porque cuestionar el desabastecimiento de medicinas en hospitales le costó una campaña digital de 1.300 publicaciones contra su esposo y su familia. El caso, documentado por Fundamedios y con antecedentes de señalamientos desde la Presidencia de Daniel Noboa, es hoy un ejemplo de libro de cómo opera la autocensura inducida en América Latina.
Quito.— En Ecuador todo el mundo conoce a Gisella Bayona. En el resto del Caribe, casi nadie. Y ese es justamente el punto. Bayona tiene 30 años de televisión nacional. Fue rostro de Teleamazonas y de TC Televisión, el canal incautado por el Estado, moderadora de los debates presidenciales, entrevistadora política en FM Mundo. Para el ecuatoriano promedio es una de las periodistas más reconocidas del país.
El 2 de septiembre de 2026 anunció que se va. No del canal. De la profesión.
Lo hizo en un video en Instagram que ya superó el millón de reproducciones en Ecuador. El mensaje es corto y va directo al presidente Daniel Noboa.
Según Bayona, «en las últimas horas» un medio afín al Gobierno difundió «graves acusaciones» contra ella y contra su esposo, José Roberto Alvear Campodónico. La intención, dice, era vincular sus cuestionamientos por el desabastecimiento de medicinas en hospitales públicos con supuestos intereses personales.
En el video niega punto por punto:
Que tenga negocios con el sistema de salud o haya sido proveedora del Estado. Que su esposo esté acusado de apropiación fraudulenta, falsificación informática y uso de documento falso; afirma que él es denunciante y víctima en esos procesos y que terminaron a su favor. Y que su esposo sea operador del sector eléctrico o testaferro del exvicepresidente Jorge Glas, versión que —sostiene— proviene de un artículo que el mismo medio que lo publicó tuvo que desmentir años atrás.
Cierra con una frase que explica el titular internacional: «usted ganó, usted tiene el poder y los medios para implantar cualquier narrativa». Y añade: «Yo elijo a mi familia. Y al país le dejo una pregunta. ¿En qué momento llegamos a esto?».
¿De dónde viene esto?
No es un hecho aislado. Es la consecuencia de una cadena que Fundamedios —la organización de referencia en libertad de expresión en las Américas— lleva meses documentando.
El 28 de agosto, el presidente Noboa dio una entrevista radial. Sin decir su nombre, describió a una periodista como proveedora de salud y vinculó a su pareja con «mafias eléctricas». Los datos que dio fueron suficientes para que el público la identificara: Gisella Bayona.
Entre el 28 y el 31 de agosto, cuatro portales digitales identificados como afines al Gobierno —La Data, Contraluz, Contraplano y La Calle— desplegaron una campaña contra Bayona y su esposo. Un rastreo de Lupa Media contabilizó 1.300 publicaciones y 76.100 interacciones en tres días, con indicios de coordinación y con documentos judiciales alterados.
No es la primera vez. Fundamedios tiene en archivo: la salida de Bayona de TC Televisión en enero de 2026, tras presiones de directivos para moderar sus críticas al Gobierno en temas de seguridad; una red de suplantación de su identidad en enero de 2025; y la declaración de Noboa el 31 de julio de 2026 tildando de «alarmista» la cobertura sobre la crisis energética.
¿Por qué le importa esto al lector de fuera de Ecuador?
Porque no es una pelea local. Es el manual que se repite en todo el Gran Caribe y América Latina.
Cuando una periodista con 30 años de trayectoria, conocida y con respaldo, decide que el costo de preguntar por medicinas en hospitales es que ataquen a su esposo y a su familia, y opta por irse, se produce lo que la Relatoría para la Libertad de Expresión de la CIDH llama «efecto disuasivo» o chilling effect.
El mensaje no es solo para Bayona. Es para toda la redacción que ve lo que pasa y se pregunta si vale la pena hacer la siguiente pregunta.
Ecuador es hoy el país más violento de la región, dolarizado, con presencia del FBI y acuerdos de seguridad con EE.UU., y en plena discusión de una Ley Antimafias. En ese contexto, la salida de una voz crítica por presión desde el propio Estado es un indicador de salud democrática que trasciende a Quito.
Fundamedios pide al Estado abstenerse de señalamientos estigmatizantes y que se investigue la coordinación de los portales que difundieron las acusaciones.
El caso Bayona ya no es un caso ecuatoriano. Es un caso de cómo se hace autocensura en 2026.