Actualidad

El invento cubano que deja a pueblos sin luz: robar aceite eléctrico para usarlo como combustible para carro

Aceite eléctrico

Un joven manipula un transformador eléctrico para extraer aceite dieléctrico en Cuba. El líquido, esencial para enfriar y aislar los equipos de la red eléctrica, es robado, mezclado con diésel y vendido en el mercado negro como combustible ante la aguda escasez de gasolina en la isla.

La Habana, Cuba La Habana.— En Cuba ya no solo se roba gasolina, se ordeñan los postes. Sin crudo venezolano, con bloqueo petrolero y con 100,000 barriles diarios de demanda insatisfecha, los cubanos han encontrado en el aceite de los transformadores eléctricos un diésel improvisado. La fórmula funciona: el motor arranca. El problema es que el transformador queda seco y pueblos enteros se quedan sin luz por más de 30 días. Por eso el gobierno lo dejó de perseguir como hurto y ahora lo juzga como sabotaje, con hasta 30 años de cárcel, cadena perpetua y decomiso del carro.

La Habana.— En Cuba manejar ya no es solo cuestión de tener gasolina, es cuestión de inventarla. Ante la peor crisis de combustible en décadas, choferes —sobre todo privados y de tractores agrícolas— han empezado a drenar el aceite dieléctrico de los transformadores eléctricos, mezclarlo con diésel y usarlo como carburante. La solución precaria mueve el vehículo, pero inutiliza el transformador y deja a comunidades completas a oscuras por semanas. Y el gobierno lo está persiguiendo como sabotaje.


Qué es ese aceite y de dónde lo sacan


El aceite dieléctrico no es combustible. Es un líquido aislante y refrigerante que va dentro de los transformadores y que permite que no se quemen. Cuba produce una parte en la Refinería Sergio Soto de Cabaiguán, pero solo para equipos de hasta 33 kilovoltios. El de mayor tensión es importado y cuesta entre 3 y 4 dólares el litro, más de $3,200 dólares la tonelada. Cada transformador de 2,500 KVA vale unos $50,000 dólares. 


Cuando lo roban —perforando el tanque y extrayendo cientos de litros— el equipo queda seco y se quema. El resultado no es un apagón de horas, es de días.


Cuándo comenzó y cuánto se ha extendido


No es nuevo, pero se disparó. En septiembre de 2024 las autoridades ya reconocían la proliferación y advertían de una evolución: los robos, inicialmente concentrados en subestaciones grandes, se extendieron a transformadores de menor tamaño distribuidos por toda la red. 


Hoy está en todas las provincias y 97 municipios, según Granma. Entre 2025 y el primer semestre de 2026 se abrieron más de 460 investigaciones penales por hechos contra el sistema eléctrico nacional por sabotaje, daño, robo con fuerza y hurto. Solo por aceite dieléctrico hay más de 300 denuncias. 


El epicentro es Matanzas. Esa provincia concentra entre el 50 y el 60% de los robos de todo el país, con más de 90 transformadores dañados. Solo en lo que va de 2026, allí se han robado 55,381 litros. En el mercado negro se vende entre 500 y 2,500 pesos cubanos el litro. 


El operativo que reveló el caso de esta semana


Granma informó que en un pesquisaje en una provincia —el diario oficial no revela cuál— fueron examinados 105 vehículos y 21 resultaron positivos a aceite dieléctrico mezclado con combustible. De ellos, 18 fueron ocupados, mayormente de transportistas privados. 


¿Cómo lo detectan? Con puntos de control en carreteras. Personal de la Empresa Comercializadora de Combustibles toma muestras del tanque y las analiza con procedimientos técnico-criminalísticos. Matanzas ya anunció que esa verificación arrancará por sus propios carros de la Empresa Eléctrica y luego se extenderá. 


Por qué los cubanos se arriesgan


Cuba necesita importar dos tercios del combustible que consume. Dependía de Venezuela, pero desde mediados de 2024 no recibe crudo venezolano de forma estable y el bloqueo petrolero de EE.UU. tras la captura de Maduro en 2026 terminó de cerrar la válvula. La demanda interna roza los 100,000 barriles diarios para transporte y generación eléctrica, y el país vive racionamiento, teletrabajo, clases semipresenciales y colas interminables.


En ese vacío, cualquier cosa que arda sirve. Antes fue el aceite de cocina. En Aguacate, a 70 km de La Habana, un mecánico hizo noticia por convertir un Fiat Polski de 1980 para que funcione con carbón vegetal. El aceite de transformador es el siguiente escalón: mezclado con un poco de diésel, el motor diésel lo acepta.


La respuesta del Estado: de hurto a sabotaje


El gobierno no lo trata como un ingenio de supervivencia. Desde mayo de 2025, el Tribunal Supremo emitió el Dictamen 475 para unificar la calificación: robar aceite de transformador puede ser juzgado como sabotaje.


Las penas base son de 7 a 15 años de prisión, y en circunstancias agravadas de 10 a 30 años, privación perpetua e incluso pena de muerte. Además contempla el decomiso del vehículo como instrumento del delito. 


El ejemplo que el teniente coronel Carlos Martínez González, de la Seguridad del Estado, puso en televisión: en Jagüey Grande, Matanzas, el robo de unos 1,000 litros dejó a la comunidad San José de Marcos sin electricidad más de 30 días. Tres personas están en prisión provisional por ese caso. En Santiago de Cuba, dos personas murieron electrocutadas intentando robar aceite. 


Para los vecinos, el círculo es perverso: sin combustible no hay transporte ni alimentos, pero si usan aceite de transformador, se quedan sin luz.

Vista ampliada