El ocaso de un pobre diablo comunista: el legado de destrucción de Gustavo Petro y la factura que ahora tendrá que pagar

Gustavo Petro, expresidente de Colombia (2022-2026). En México, en la UNAM, acusó de "tecnofascismo" el triunfo de su sucesor Abelardo de la Espriella, una auto-defensa infructuosa de sus delitos.
Bogotá, Colombia. Se victimiza en México. El pobre diablo comunista Gustavo Petro acusa fraude y "algoritmos" tras perder el poder en Colombia, en un intento por no responder por el desastre económico y de seguridad que dejó en su país. Ahora sin fuero, tendrá que enfrentar a la justicia.
Bogotá, Colombia.— Se fue. Por fin se fue el peor presidente que ha tenido Colombia en su historia moderna. Gustavo Petro no es un líder de opinión, no es un estadista, no es un intelectual. Es lo que siempre fue: un pobre diablo comunista, un agitador de plazuela que disfrazó su resentimiento de discurso social y que hoy deja un país en ruinas.
Durante cuatro años, del 2022 al 2026, Petro se dedicó a hacer lo que mejor sabe hacer la izquierda fracasada: destruir.
Destruyó la economía con una reforma tributaria que ahuyentó la inversión, con un discurso contra el petróleo que espantó a las petroleras y con un aumento del salario mínimo del 23% que quebró a pequeños comerciantes.
Destruyó la seguridad con su farsa de la "paz total", que no fue otra cosa que entregarles el país a las guerrillas y a los narcos, mientras los colombianos eran extorsionados y asesinados en las calles.
Destruyó la institucionalidad gobernando desde X, insultando a todo el mundo, peleando con la prensa, con los empresarios, con los magistrados y hasta con su propio partido.
Y lo más grave: convirtió la Presidencia en un negocio familiar. El escándalo de su hijo Nicolás recibiendo dinero de dudosa procedencia para la campaña del 2022 es la prueba de que fue un narco-gobierno. Nunca enfrentó a la justicia porque tenía el fuero presidencial y porque controlaba la Fiscalía con sus alfiles.
Ahora viene a México a dar clases de democracia en la UNAM y a presentar un libro que nadie va a leer, buscando que el gobierno mexicano le aplauda y lo publique. Un cínico. Viene a victimizarse después de haber empobrecido a millones de colombianos.
Pero se le acabó la fiesta.
El 21 de junio Colombia despertó. Con el triunfo de Abelardo de la Espriella, un hombre que sí representa el orden, la ley y la autoridad, los colombianos enterraron al progresismo. Por eso Petro ahora grita fraude, habla de "algoritmos" y de "tecnofascismo". Es el llanto del comunista que no sabe perder.
Lo que no entiende este desecho de la izquierda comunista -una izquierda que ya está extinta en todo el mundo, desde Argentina hasta El Salvador- es que ahora sí va a tener que responder.
Sin fuero, sin poder, sin la Casa de Nariño para esconderse, tendrá que enfrentar las investigaciones por financiación ilegal, por interceptaciones y por el desastre que dejó.
El nuevo gobierno no viene a perseguir, viene a hacer justicia. Y esa es la noticia que millones de colombianos estaban esperando.
Petro se va como lo que es: un recuerdo vergonzoso de lo que pasa cuando un país se deja engañar por un populista.