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Fin del TPS hondureño en Estados Unidos desata retorno masico de 55,000 y amenaza nueva ola migratoria hacia el sur

Nasry “Tito” Asfura

El presidente de Honduras, Nasry “Tito” Asfura, del conservador Partido Nacional, durante un acto oficial del Gobierno de la República de Honduras. Asfura, que asumió el 27 de enero de 2026 sucediendo a la izquierdista Xiomara Castro, solicitó formalmente al secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, un “periodo adicional, razonable y claramente delimitado, de transición ordenada” para los 55,000 hondureños que pierden el TPS.

Tegucigalpa, Honduras El presidente conservador Nasry Asfura enfrenta su primera crisis migratoria con Washington: EE.UU. descarta extender el TPS y 55,000 hondureños deberán dejar el país tras 26 años de protección. Asfura, de derecha y respaldado por Trump, pide a Marco Rubio tiempo para un retorno ordenado, pero el temor es que el regreso masivo no termine en Tegucigalpa, sino en una nueva ola hacia el sur de México y el Caribe Mexicano.

Tegucigalpa, Honduras.- La era del TPS para Honduras terminó. El gobierno de Estados Unidos notificó formalmente que descarta la extensión del Estatus de Protección Temporal para ciudadanos hondureños, programa que ampara a 55,000 personas desde el huracán Mitch en 1998. La decisión fue confirmada el 3 de septiembre por la Cancillería hondureña. Terminará, para miles, con una nueva migración hacia el sur.


El presidente de Honduras, Nasry “Tito” Asfura, afirmó que respeta la decisión por tratarse de una “política soberana de Estado” de Washington, pero pidió un mecanismo humanitario. En junio, en carta oficial al secretario de Estado Marco Rubio, Asfura solicitó un “periodo adicional, razonable y claramente delimitado, de transición ordenada” para que los afectados puedan resolver asuntos familiares, laborales y patrimoniales antes de un eventual retorno.


“No significa que Honduras se encuentre peor que antes”, matizó el vicecanciller Antonio García Agüero, pero reconoció el impacto: miles de beneficiarios llevan más de 20 años en EE.UU., con empresas, impuestos, casas y hijos estadounidenses.


La cronología es clave para el hemisferio:


3 de septiembre: el embajador hondureño en Washington, Roberto Flores Bermúdez, se reúne con el subsecretario del Departamento de Seguridad Nacional para dar seguimiento a la carta a Rubio.


4 de septiembre: Asfura declara públicamente que pide tiempo para preparar el retorno.


5 de septiembre: Tegucigalpa confirma que Washington mantiene la negativa.


El TPS hondureño es el segundo más grande del Caribe y Centroamérica después del salvadoreño. Su fin afecta directamente a comunidades en Houston, Miami, Nueva Orleans y Nueva York, donde se concentra la mano de obra hondureña en construcción, hostelería y limpieza.


Para el Caribe, el mensaje es continental: EE.UU. está desmontando el régimen de protecciones temporales creado en los 90 para Centroamérica. Nicaragua ya lo perdió, El Salvador está en revisión y Honduras hoy lo confirma. La región se prepara para una oleada de retornos voluntarios y forzados que presionará vivienda, empleo y servicios en San Pedro Sula y Tegucigalpa.


Honduras insistió en mantener “una relación de cooperación, confianza y entendimiento” con EE.UU. y propuso mecanismos legales y administrativos para una salida gradual. Washington, hasta ahora, no ofrece prórroga.


Pero en las comunidades hondureñas de Houston y Miami la lectura es otra: familias con más de 20 años en EE.UU., con hijos estadounidenses, que no ven futuro en Honduras y que ya evalúan instalarse en México, donde tienen parientes, experiencia laboral en construcción y turismo, y donde la política migratoria es menos restrictiva que la estadounidense.


Es el efecto rebote que el Caribe ya conoce: cuando se cerró el TPS para salvadoreños en 2018, Tapachula y Cancún registraron picos de solicitudes de refugio. Hoy, con el INM y la Fiscalía de Chiapas revisando antecedentes de 60,000 migrantes varados en la frontera — como se vio con la captura de “El Misterio” de la MS-13 —, un retorno masivo hondureño desde EE.UU. puede convertirse en una nueva ola hacia Quintana Roo. La clave no es “cuántos llegan a Honduras”, sino “cuántos no llegan a Honduras y deciden quedarse en el Caribe Mexicano”.



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