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Narcocracia: la ruta que Anabel Hernández documenta entre China, Perú, Venezuela y el Cártel de Sinaloa para el tráfico de armas

Anabel Hernández

La periodista Anabel Hernández posa con su nuevo libro Narcocracia, donde reconstruye a partir del testimonio de Sergio Villarreal Barragán “El Grande” la red internacional de corrupción que habría permitido al Cártel de Sinaloa abastecerse de armas y rutas fuera de México.

Ciudad de México No es una ruta nueva, es una ruta que nadie quería mirar. En Narcocracia, su nuevo libro, Anabel Hernández documenta —a partir de conversaciones y documentos de Sergio Villarreal Barragán “El Grande”— cómo el Cártel de Sinaloa habría ampliado su operación fuera de México negociando armas y rutas con funcionarios de otros países. Uno de los pasajes más explosivos apunta a Perú, durante el gobierno de Alan García —a quien en el narco llamaban “Caballo Loco”—, como intermediario clandestino que compraba legalmente armamento a China para revenderlo al cártel mexicano.

Ciudad de México.— La red de corrupción que permitió al Cártel de Sinaloa expandirse fuera de México no se tejió solo con políticos mexicanos. Así lo documenta la periodista Anabel Hernández en su nuevo libro Narcocracia, donde reconstruye, a partir de conversaciones y documentos relacionados con Sergio Villarreal Barragán, “El Grande”, ex operador de la estructura del cártel, una trama internacional de armas, rutas y protección oficial.


Uno de los pasajes centrales del libro se detiene en Perú, bajo la administración del expresidente Alan García, a quien en el mundo del narco —según el testimonio que recoge Hernández— se le conocía como “Caballo Loco”.


El presunto puente Perú-China-Sinaloa


De acuerdo con lo que Hernández plasma en Narcocracia, durante una etapa clave del crecimiento del Cártel de Sinaloa, parte del armamento para equipar a sus células no llegó por la ruta tradicional de Estados Unidos, sino por una vía clandestina que nacía en Asia.


La operación, tal como la relata “El Grande” y la verifica la periodista, habría funcionado así: el gobierno peruano adquiría legalmente armamento a China y posteriormente lo revendía, de manera clandestina, al grupo criminal mexicano.


“También venían de acá”, es la frase con la que Hernández resume en el libro la revelación de Villarreal para explicar el abastecimiento de armas de los grupos criminales mexicanos.


La autora detalla en un capítulo que un grupo de funcionarios del gobierno peruano fue enviado para reunirse directamente con integrantes del Cártel de Sinaloa. Mediante sobornos y pagos millonarios se habría cerrado el acuerdo.


“Lo que hace el Caballo Loco, el presidente, este presidente, que es Alan García, es enviar a un grupo de funcionarios del Gobierno de Perú que tienen reuniones con miembros del cártel de Sinaloa”, escribe Hernández citando el testimonio.


En el mismo pasaje, la periodista aclara que, según su investigación, no hay elementos para afirmar que el gobierno chino conociera el destino final de las armas. China vendía legalmente a Perú y era la estructura peruana la que, de forma clandestina, lo canalizaba hacia Sinaloa. El señalamiento, por tanto, apunta a la utilización de aparatos oficiales de un gobierno extranjero para abastecer a una organización criminal mexicana.


Venezuela, la otra plataforma


Otro pasaje de Narcocracia se centra en Venezuela. Hernández retoma declaraciones de “El Grande” que datan, según su archivo, desde 2008-2009 y que ya aparecían en sus primeras declaraciones ante la entonces PGR, alrededor de 2010 y 2011.


En ellas, Villarreal describe a Venezuela como plataforma para el tráfico internacional de drogas y habla de un operador identificado con el sobrenombre de “El Turco”, quien afirmaba ser sobrino o familiar de Hugo Chávez y habría sostenido reuniones con integrantes del Cártel de Sinaloa.


La autora conecta ese relato con el proceso judicial que enfrenta Nicolás Maduro en la Corte de Distrito Sur de Nueva York. En el libro recuerda que, cuando Maduro fue secretario de Relaciones Exteriores de Chávez, habría facilitado —según la acusación estadounidense que ella cita— visas y viajes entre Venezuela y México a personas vinculadas al narcotráfico.


“Él facilitaba visas, facilitaba el viaje de diferentes narcotraficantes entre Venezuela y México”, señala Hernández en su investigación al referirse a lo contenido en la acusación.


Qué sostiene el libro y qué no


Narcocracia, en la lectura que hace Hernández, no presenta al Cártel de Sinaloa como una banda que solo compraba pistolas en la frontera, sino como una organización que aprovechó corrupción, contactos políticos y estructuras gubernamentales extranjeras para conseguir armamento y consolidar rutas.


Aviso editorial: Los señalamientos aquí referidos corresponden a testimonios y acusaciones que Anabel Hernández presenta en su libro Narcocracia a partir de la voz de Sergio Villarreal Barragán, “El Grande”, y de documentos judiciales. No constituyen por sí mismos una determinación judicial de responsabilidad penal de las personas mencionadas.


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