Oportunista: Díaz-Canel llora "terrorismo" de EE.UU. en 9/11 mientras el comunismo lleva 60 años rindiendo por hambre a Cuba

Miguel Díaz-Canel, presidente designado de Cuba, lloroso. Este 11 de septiembre calificó de "terrorismo" el embargo y el bloqueo petrolero de EE.UU. El régimen cubano lleva 60 años culpando a Washington del hambre que provoca su propio modelo. Foto: Redes
La Habana, Cuba Mientras el mundo recuerda a las víctimas del 11-S, Díaz-Canel llora "terrorismo de Estado" y "plan genocida para rendir por hambre" al pueblo cubano. La vieja cantaleta del castrismo: culpar a EE.UU. del desastre que la cúpula comunista lleva 60 años provocando, mientras vive atrincherada en las zonas opulentas de La Habana donde está prohibido grabar.
La Habana, Cuba.— Volvió el lloriqueo. El puesto a dedo en la Presidencia de Cuba, Miguel Díaz-Canel, calificó este viernes de "terrorismo" las acciones de Washington para "rendir por hambre" a la isla, justo el día que el mundo recuerda a las víctimas del 11 de septiembre en Nueva York. Una actitud oportunista del gobierno de Cuba que no funciona.
"Cuba, que ha sufrido por más de 60 años ataques terroristas de diverso tipo con un saldo de más de 3 mil 400 muertos y 2 mil 099 lesionados, hoy enfrenta un plan genocida para rendir por hambre al pueblo. Eso también es terrorismo, terrorismo de Estado", escribió Díaz-Canel en redes.
El discurso de siempre: la culpa es de afuera. Nunca del parásito que lleva 66 años chupando la sangre del cubano.
Porque el verdadero plan genocida para rendir por hambre al pueblo cubano no lo inventó Washington. Lo impuso el castrismo en 1959 y lo perfeccionó la dinastía que hoy encabeza Díaz-Canel. Sesenta años expropiando, confiscando, racionando, persiguiendo, encarcelando y expulsando a 2 millones de cubanos, mientras la cúpula vive en las mansiones de Siboney, Atabey y el Laguito, en La Habana, esas zonas opulentas donde no te dejan entrar con un celular, donde no puedes grabar, donde los militares te paran si te acercas a pie.
Esa es la Cuba que no sale en el discurso: la Cuba de los Mercedes Benz con chapa del MININT, de las bodegas vacías para el pueblo y los refrigeradores llenos en Punto Cero, de los hijos de los comandantes estudiando en Europa mientras el hijo del bodeguero se sube a una balsa.
Díaz-Canel citó a Fidel Castro para pedir "una política de paz y de respeto a normas morales". El mismo Fidel que fusiló a 3,400 cubanos según sus propias cifras, que hundió el remolcador 13 de Marzo, que derribó avionetas de Hermanos al Rescate y que convirtió la isla en la cárcel más grande del Caribe.
Ahora su canciller, Bruno Rodríguez, compara el embargo con el genocidio en Gaza. "En Cuba es silencioso, sin bombas, pero también mata", dijo al presentar su informe anual para pedir limosnas en la ONU.
Lo que mata en silencio en Cuba no es el embargo. Es el comunismo. Es un modelo que no produce ni azúcar, que importó leche en polvo durante 60 años teniendo vacas, que destruyó la industria, que paga salarios de 15 dólares al mes y que cobra en dólares en las tiendas MLC a las que el pueblo no puede entrar.
Y mientras lloran, presumen de que el secretario de Estado, Marco Rubio, reconoció que son "las sanciones más fuertes de la historia". Lo son, porque todo lo demás ya se probó y el régimen no suelta. No hay diálogo, como ellos mismos dicen, porque no quieren soltar el poder ni las cuentas en el extranjero.
A 25 años del 11-S, Díaz-Canel quiso subirse a la memoria de las víctimas. Las víctimas reales del terrorismo no necesitan clases de un régimen que ha practicado el terrorismo de Estado contra su propio pueblo durante seis décadas.