Washington también votó (y el Verde se sentó primero)

El método oficial era la encuesta. El método real fue el filtro.
Esmaragdo Camaz
Analizando
Ya está el tablero. De las 17 coordinaciones estatales —ese eufemismo con el que Morena tuerce la ley electoral— todas ya tienen nombre. Chihuahua cerró pasada la media noche con Cruz Pérez Cuéllar, alcalde con licencia de Ciudad de Juárez. Andrea Chávez, la figura joven con más proyección nacional y el grupo que la empujaba, se queda fuera. No es un detalle local. Es la fotografía de todo el proceso.
De 277 aspirantes registrados en junio —113 de Morena y el resto de Verde y PT, según el propio corte del partido— quedaron 17.
El Verde se lleva al menos dos coordinaciones claras y una tercera que huele a cuota: Jasmine Bugarín en Nayarit y Manuel Cota Cárdenas en Baja California Sur. En Nayarit la encuesta la ganó Héctor Santana, alcalde con licencia de Bahía de Banderas; Montiel lo reconoció en voz alta y de inmediato aplicó “ajuste de paridad”. En BCS, Cota —diputado del Verde, hijo de Leonel Cota, el exgobernador ligado al desastre de Segalmex— se impuso a Milena Quiroga, que abandonó el evento antes del anuncio.
El PT, en cambio, no aparece en ninguna de las 17. Cero. Geovanna Bañuelos en Zacatecas, Christian Agúndez en BCS, Montserrat Caballero en Baja California: todos fuera. Alberto Anaya ya lo dijo sin maquillaje: “una vez más nos pisotean”. No es rabieta. Es aritmética.
El método oficial era la encuesta. El método real fue el filtro. Primero el estatuto: no deudores alimentarios, no familiares de gobernadores en funciones, no antecedentes penales. Después el filtro que nadie pone en el comunicado: que la justicia de Estados Unidos no tenga el nombre a la mano.
Abril de 2026 no fue un mes cualquiera. El Departamento de Justicia pidió la detención con fines de extradición de diez personas, entre ellas Rubén Rocha Moya y Enrique Inzunza. Sheinbaum denunció injerencia y preguntó en el Zócalo si Washington quería ser el primer elector de 2027. Al mismo tiempo, Morena endureció los requisitos y la Comisión Nacional de Elecciones empezó a descartar perfiles “incómodos”. No es teoría de la conspiración. Es secuencia. Un proceso que se vende como decisión del pueblo se vuelve, en la práctica, un ejercicio de contención de riesgo diplomático.
¿Cuántos de esos 17 son de Sheinbaum?
Pocos, si se mira con rigor. Santiago Nieto en Querétaro es el más nítido: salió del IMPI para competir, viene de la UIF de AMLO y del primer círculo de Palacio. El resto es un mosaico de equilibrios.
Beatriz Mojica en Guerrero, Imelda Castro en Sinaloa, Lorenia Valles en Sonora, Ana Lilia Rivera en Tlaxcala, Julieta Ramírez en Baja California, Nora Ruvalcaba en Aguascalientes. Senadoras con licencia, cuadros territoriales, gente que no genera titulares en el Southern District of New York.
Clara Luz Flores en Nuevo León es otra sorpresa: perdió feo en 2021 y ahora regresa como carta de unidad.
Verónica Díaz en Zacatecas carga el sello Monreal.
Elí César Cervantes en San Luis Potosí —único estado sin coalición— es un perfil bajo, de consenso, porque el Verde ya gobierna ahí y Ruth González no podía pasar el filtro antinepotismo con Morena.
Las sorpresas inesperadas no son menores.
Cota en BCS. Bugarín en Nayarit contra el ganador de la encuesta. Cruz Pérez en Chihuahua, ex panista de más de 20 años, con 48 denuncias y procedimientos ligados a su gestión en Juárez, según ha documentado Javier Corral, y con versiones —que él desmiente— de interés de autoridades estadounidenses.
Gino Segura en Quintana Roo. Un tablero pensado menos para ilusionar a la militancia que para no regalarle a Washington un titular en campaña.
Los morenistas marginados no se van a quedar callados. Tienen estructura, padrón y rencor. Andrea Chávez en Chihuahua. Milena Quiroga en BCS. Geraldine Ponce y Héctor Santana en Nayarit. Los grupos que apostaron a Félix Salgado o a los delfines de gobernadores y se toparon con el discurso antinepotismo selectivo. Algunos se quedarán a negociar diputaciones, alcaldías y plurinominales. Otros ya midieron la temperatura en partidos nuevos o en el propio PT, que necesita oxígeno después de salir con las manos vacías. La historia reciente dice que el que se va con capital político no siempre pierde: a veces solo cambia de sigla y cobra más caro.
Ariadna Montiel prometió publicar las encuestas “detalladamente, una por una”, cuando terminen las 17. Ya para qué.
En Nayarit admitieron que no ganó quien encabezó la medición. En varios estados los resultados se reservaron durante semanas. Sheinbaum pidió transparencia; Montiel aceptó… después de haber cerrado el trato.
La encuesta que se anuncia al final no es mecanismo de decisión. Es acta de defunción del argumento.
El Verde se sienta a la mesa con dos o tres gubernaturas en la mano. El PT se queda de pie. Morena conserva el control, pero no la cohesión. Y sobre el escritorio, aunque nadie lo ponga en el comunicado, está el sello de un Departamento de Justicia que no vota en México, pero sí condiciona quién puede aparecer en la boleta sin que se le caiga la candidatura a mitad de camino. Eso no es soberanía. Es supervivencia. Y se nota.