Analizando

El viejo truco del Libro y las Malditas Redes

También llega en mala hora para Morena.

Esmaragdo Camaz

Analizando

No volvió por Tolstói. Volvió porque el cerco se le está cerrando al hijo y el silencio ya no le alcanza. Los gringos le están respirando en la nuca a Andy. El libro es el pretexto. El mensaje es otra cosa. Andrés Manuel López Obrador reapareció desde La Chingada para presentar "Pueblo" justo un día después de que The New York Times revelara que dos agencias de Estados Unidos examinan señalamientos contra Andrés Manuel López Beltrán por presuntos vínculos con el crimen organizado y el contrabando de combustible. El diario precisa que aún no hay investigación formal. Da igual para el timing: la nota cayó, el video salió. Esa coincidencia no es literaria. Es política. Es desesperación.


El viejo truco consiste en sacar un tomo para poder hablar de todo lo demás sin admitir que se está hablando de lo demás. AMLO dice que no quiere ser el poder detrás del trono. Traducción habitual: eso es exactamente lo que extraña. Dice que Sheinbaum es garantía y continuidad. Traducción posible: la ve titubear, le mete ruido y le recuerda quién sigue dictando el relato. La elogia para no parecer que la corrige. La corrige sin parecer que la toca.


En el video reaparece la liturgia de siempre: el pueblo manda, los adversarios ya no son derecha sino “neofascismo”, Estados Unidos injerencista, los medios enojados porque ya no se roban el país. Y las redes. Esas redes que cuando le servían eran plaza pública y cuando lo lastiman se vuelven granja enemiga. Ayer eran el altavoz de la transformación. Hoy, según el cuento, están controladas. ¿Por quién? Por los de siempre: Washington, las plataformas, China si hace falta un villano extra. Lo que no dice es lo obvio: ya no las maneja como antes. Cuando la red le convenía, era instrumento. Cuando crucifican a Andy un día sí y el otro también, se vuelve complot.


Hay memoria. El mismo personaje que denunciaba bots, publicistas y mentiras digitales construyó buena parte de su hegemonía en esas plataformas. Las usó, las alimentó, las sermoneó y las administró desde Palacio. Ahora que el hijo aparece en expedientes, testimonios, revocación de visa y notas internacionales, las redes dejaron de ser benditas. Se volvieron malditas. No porque hayan cambiado de dueño de la noche a la mañana. Porque cambiaron de resultado.


El círculo es estrecho y ya no se disimula. Andy en la mira de agencias estadounidenses, según el Times. Amílcar Olán, el amigo de los hijos, localizado en Suiza mientras la Fiscalía dice que “no hay nada” y Sheinbaum se lava las manos con la fórmula de “que actúe la Fiscalía”. El SAT ha señalado perjuicios millonarios en importaciones de diésel ligadas a ese entorno. La FGR niega carpetas con “fuerza legal”. El gobierno federal, a ratos, admite revisiones. El país asiste a un ballet de comunicados: hay humo, no hay imputado de apellido López, y el empresario cercano aparece lejos.


En agosto, cuando a Andy le quitaron la visa, salió una carta a Trump que parecía calcada del padre: Estados Unidos decadente, odio, racismo, drogadicción, tristeza, halcones, canallada, estilo hitleriano, “el otro Trump”. Firmaba el hijo. El oído mexicano reconoció la pluma. Da lo mismo si la tecleó uno u otro. El estilo no se hereda por accidente. Se dicta.


Por eso el libro no es un retiro intelectual. Es un puente para intervenir sin asumir el costo de intervenir. AMLO anuncia que su siguiente obra será sobre Estados Unidos justo cuando Washington le respira en la nuca a su familia política. Habla de soberanía cuando lo que está en juego es el expediente del hijo. Habla de pueblo cuando lo que defiende es el clan. Habla de no meterse y se mete con un video de más de una hora.


También llega en mala hora para Morena. No hace falta inventar un naufragio completo para ver la grieta: el partido ya no es solo movimiento; es botín, encuesta, candidatura y rencor interno. El fundador reaparece a bendecir el barco y, de paso, a recordar que sin él el timón se siente más flojo. “La mejor presidenta del mundo” suena a homenaje. En boca de quien no soporta ceder el micrófono, también suena a recado: ordena, controla, no dejes que te rebasen, no se te vaya el relato.


López Obrador reaparece en un momento en que la presidenta Claudia Sheinbaum hace malabares tratando de tomar el control, de asumir el poder a plenitud, ese que parece se le escapa de las manos cada vez que hace un intento por ejercer a plenitud.


Nadie está condenado en un tribunal por un libro ni por una nota del Times. Eso hay que decirlo. También hay que decir lo otro: un expresidente no elige al azar el día en que rompe su autoaislamiento. No elige al azar hablar de redes “controladas” cuando su hijo es tendencia por las peores razones. No elige al azar reivindicar al pueblo mientras pide, en los hechos, que el pueblo no mire hacia Tabasco, hacia los contratos, hacia el huachicol fiscal, hacia Lugano.


El truco es viejo pero no siempre es eficaz. Se envuelve en papel, se unta de historia patria y se despacha como lección moral. Debajo no hay un sabio que extraña la lectura. Hay un caudillo que extraña el mando. Y un padre que, cuando Estados Unidos se acerca demasiado a Andy, saca un libro para poder gritar sin decir el nombre que más le duele.


Combatir a librazos al enemigo no parece tan buena idea en una época en que las redes y el video se impone por encima de la palabra escrita, tan es cierto, que por eso AMLO mejor sale en directo en YouTube hablando, hablando, bla, bla, bla.

Vista ampliada