Analizando

La “Botiza” de Morena-4T

El burro hablando de orejas

Esmaragdo Camaz

Analizando

Cada vez que Claudia Sheinbaum abre la boca para hablar de “la botiza”, hay que contener la risa. O la indignación. La presidenta ha convertido la palabra en su comodín favorito: cuando los trabajadores del IMSS marchan por desabasto y condiciones laborales, no es la gente; es “la oposición y toda la botiza”. Cuando se habla de Teuchitlán, de Generación Z, de medicamentos o de cualquier crítica que le incomoda, la explicación oficial es la misma: bots pagados, millones de cuentas falsas, operaciones de la ultraderecha.


El discurso es simple y efectivo para su base: las quejas no son reales, son fabricadas. Los bots de “ellos” inventan la realidad. Mientras tanto, en Palacio Nacional se presenta Infodemia como oráculo, con cifras redondas de 87 mil, 147 mil o 560 mil cuentas, y montos de 20 millones de pesos en cuatro días. Cifras que, cuando se piden por transparencia, el Sistema Público de Radiodifusión responde que no tiene la metodología ni los datos para respaldarlas.


El problema es que el mismo gobierno que se ofende tanto por “la botiza” ajena tiene la suya. Y no es un secreto de redes: está documentado.


El caso más claro y reciente es el de Alejandro Armenta, gobernador de Puebla por Morena. Investigaciones de Azteca Noticias (Ricardo Raphael y su unidad) desmenuzaron la operación de la empresa Concentra BPO: perfiles falsos, fotos de stock (incluyendo una de Céline Dion), herramientas antidetección, chips de telefonía, grupos de WhatsApp y documentos internos titulados “Black Marketing / Espada TV Azteca”. El objetivo no era sutil: inflar la imagen de Armenta, defender a su coordinador de gabinete y atacar a medios críticos. El gobierno poblano niega y exige “el contrato”, pero los chats, los perfiles y el modus operandi están ahí. Un gobernador morenista usando granjas de bots mientras su partido y su presidenta denuncian exactamente eso en la oposición.


Más atrás, y más cerca del poder federal, está Jesús Ramírez Cuevas. El exvocero de AMLO —que sigue cerca del poder— ha sido señalado durante años como operador de redes de amplificación y bots. Él lo niega con vehemencia (“nunca organizo ejércitos de bots”), pero las acusaciones no son de un solo medio ni de una sola temporada: van desde la forma en que se construían las mañaneras hasta las campañas coordinadas contra periodistas y opositores. Cuando la oposición lo llama “el jefe de los ejércitos más grandes de bots”, no inventa el personaje; solo señala un patrón que el propio gobierno se niega a investigar con el mismo entusiasmo con el que investiga a “la botiza” de los otros.


El doble estándar es grosero. Cuando los bots (o las cuentas coordinadas) hablan mal de Sheinbaum, son una amenaza a la democracia y una operación pagada. Cuando operan a favor de un gobernador de Morena o de la narrativa oficial, son “orgánicos”, “militancia digital” o simplemente no existen. Infodemia se dedica, según análisis de medios, a “desmentir” desproporcionadamente a críticos del gobierno y a defender a AMLO, Sheinbaum y Morena con recursos públicos. El Detector de Mentiras se vuelve, demasiadas veces, un detector de lo que conviene.


Esto no niega que la oposición también use bots, granjas y operaciones sucias. Las usa. El punto es otro: el gobierno que más habla de “la botiza” es el que más poder tiene para operar la suya, y el que menos interés muestra en investigarla. El burro no solo habla de orejas; se las pinta de colores oficiales, las llama “transformación digital” y exige que el resto del país crea que solo los demás las tienen.


Mientras tanto, las demandas reales —del IMSS, de seguridad, de abasto— se diluyen en el mismo discurso: “es la botiza”. Y la botiza de casa sigue operando, documentada o no, con la tranquilidad de quien sabe que el micrófono de la mañanera está de su lado.

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