La “mesa de diálogo” de Delcy: una simulación que excluye a la Nobel y diluye la promesa de elecciones democráticas

Delcy Rodríguez (centro) recibe en el Palacio de Miraflores a Dinorah Figuera (izquierda), jefa de la delegación de la AN 2015, y a Jorge Rodríguez (derecha), jefe negociador del Gobierno, el 22 de octubre de 2026, tras el cierre del tercer ciclo de un diálogo que excluye a María Corina Machado.
Caracas, Venezuela La presidenta encargada Delcy Rodríguez recibió el jueves en Miraflores a los jefes de la Mesa de Diálogo Nacional para revisar los acuerdos del tercer ciclo, en un encuentro que refuerza la imagen de un proceso controlado: se negocia con un sector opositor institucional mientras permanece fuera la Premio Nobel de la Paz María Corina Machado, a pesar de la promesa de elecciones “en igualdad de condiciones” que la propia Rodríguez formuló en la ONU.
- La mesa se limita a la representación de la AN electa en 2015 (Dinorah Figuera) y el Gobierno; Machado sigue inhabilitada, en el exterior y fuera del diálogo formal.
- Los acuerdos anunciados (revisión de inhabilitaciones, renovación del TSJ y gestiones por el oro en el Banco de Inglaterra) no alteran la exclusión de la principal líder opositora.
- La promesa de elecciones democráticas hecha por Delcy en Nueva York contrasta con un proceso selectivo que elude al liderazgo opositor más visible y mantiene la etiqueta de “presidenta encargada”.
caribe.mx
Redacción
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Caracas, Venezuela.— La presidenta encargada Delcy Rodríguez recibió el jueves en Miraflores a los jefes de la Mesa de Diálogo Nacional, Jorge Rodríguez (por el Gobierno) y Dinorah Figuera (por la Asamblea Nacional de 2015), para “conocer los avances” del tercer ciclo de conversaciones. El encuentro, presentado como un paso más hacia la estabilidad y las garantías políticas, refuerza la percepción de que el proceso es una simulación controlada: se negocia con un sector opositor institucional, se excluye a la principal líder de la oposición y se diluye la promesa de elecciones “democráticas” que la propia Rodríguez formuló ante la Asamblea General de la ONU.
El 23 de septiembre, desde el podio de Naciones Unidas, Delcy Rodríguez declaró que “en Venezuela habrá elecciones” y que se darían “en igualdad de condiciones para todos”. El mensaje fue interpretado como un compromiso de apertura real. Sin embargo, casi un mes después, la mesa que ella respalda sigue operando exclusivamente con la representación de la AN electa en 2015, encabezada por Figuera.
María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz 2025 y la figura opositora con mayor proyección pública, permanece fuera del diálogo formal, políticamente inhabilitada y en el exterior. Machado ha denunciado su exclusión; Figuera ha respondido que “quien quiera participar está invitado”, citando al secretario de Estado Marco Rubio. En la práctica, la invitación no se ha materializado en su incorporación ni en el levantamiento efectivo de su inhabilitación.
Los acuerdos del tercer ciclo —revisión de leyes sobre derechos políticos e inhabilitaciones, avance en la renovación del Tribunal Supremo de Justicia mediante un Comité de Postulaciones Judiciales, y gestiones por el oro venezolano retenido en el Banco de Inglaterra— son reales y documentados. El Gobierno y la delegación de Figuera los presentan como progresos. Pero su alcance está limitado por el diseño mismo de la mesa: no incluye a la principal fuerza opositora del momento ni garantiza que las reformas se traduzcan en condiciones mínimas de competitividad electoral. La próxima ronda, prevista del 11 al 15 de noviembre, continúa dentro del mismo esquema.
Delcy Rodríguez ha distinguido públicamente entre quienes “dialogan” y quienes “pretenden incendiar el país”. Esa distinción, junto con la exclusión persistente de Machado, alimenta la lectura de que el proceso sirve más para legitimar la continuidad del poder actual —bajo la etiqueta de “presidenta encargada”— y para gestionar el apoyo de Washington, que para abrir una transición democrática amplia. La promesa neoyorquina de elecciones en igualdad de condiciones queda, por ahora, subordinada a un diálogo selectivo que elude al liderazgo opositor más visible.
El proceso no es inventado: las reuniones ocurren, los comunicados se firman y Estados Unidos lo observa y respalda. Pero su representatividad opositora es parcial por diseño. Mientras la mesa avance sin incorporar a Machado ni resolver de forma transparente las inhabilitaciones que la afectan, la distancia entre la retórica de “elecciones democráticas” pronunciada en Nueva York y la realidad de Caracas seguirá siendo el principal indicador de que se trata, en buena medida, de una simulación.